El beneficio oculto de la reutilización

Aunque no lo creas hoy en día millones de personas venden y compran objetos de segunda mano, pero ¿por qué, esta práctica se ha convertido en una tendencia mundial? En este artículo te contamos algunas de las razones que conllevan a la gente a realizar esta forma de comercialización. 

Hay muchas razones que conducen a las personas a vender productos que ya no usan. Algunos piensan que es una manera práctica de recuperar el dinero invertido, otros que es una forma eficiente de deshacerse de cosas y que éstas adquieran valor en la vida de otras personas. 

Asimismo, hay múltiples beneficios para el comprador, especialmente en términos económicos. Empezando por el hecho de que puede encontrar objetos en buen estado y a un excelente precio, pudiendo ahorrar, en algunos casos, más de la mitad del costo vigente del producto. 

Como hemos visto hay muchísimas razones por las que las personas venden y adquieren productos usados, pero esta práctica, quizá sin querer queriendo, desencadena un efecto insuperable para el planeta, la reducción de gases de efecto invernadero (CO2). 

El planeta no está en su mejor momento. Según el Fondo Mundial para la Naturaleza,  no hay suficientes recursos naturales, pero solo en Europa se vive como si tuvieran 2,8 planetas a su disposición. ¡Imaginense si hacemos el calculo para todo el mundo! 

Evidentemente la producción y el consumo masivo han generado residuos incapaces de ser administrados por nosotros. Con esto no se quiere decir que son prácticas insostenibles, por el contrario, se sabe que en la era de la globalización no se pueden evitar, pero lo que sí se puede hacer, es mejorar nuestros hábitos de consumo. De igual manera, es una oportunidad para el surgimiento de nuevos modelos de negocio que cubran este tipo de carencias y promuevan el consumo responsable. Como hacer lo posible por implementar prácticas sustentables en toda la cadena de producción de los productos y servicios. 

Lo sencillo que es solucionar

El mundo está lleno de problemas, eso lo sabemos todos. Uno de lo más importantes, posiblemente, sea el relacionado al cuidado con el medio ambiente. Hoy más que nunca se necesita forjar compromisos grandes entre los ciudadanos comunes y los ciudadanos que toman las grandes decisiones para desacelerar el cambio climático de nuestro planeta.

Y, aunque parezca difícil de creer, no hay problema que no tenga una solución. Lo que hace falta es, más bien, hacer que la solución encuentre al problema. Cohen, March y Olsen (1972) propusieron el modelo del bote de basura (garbage can model), el cual señalaba que las preferencias de los actores son inciertas y sus decisiones son aleatorias e incluso caóticas. Entonces, era común encontrar en desorden, como tiradas en un bote de basura, a los problemas, las soluciones, los actores y las oportunidades de elección.

En ese sentido, las soluciones no han sido necesariamente creadas para resolver problemas particulares y no requieren de estos problemas para existir. Nuestro objetivo debe ser, por tanto, que las soluciones se acoplen siempre a un problema; eso requiere formar una sinergia entre líderes con iniciativas, actores intermedios y pequeños, oportunidades de elección y el ciudadano común.

Y a esto quería llegar. Existen dos caminos para resolver una problemática. Se pueden dividir entre el movimiento top down y el movimiento bottom up. El primero se refiere a cambiar desde arriba, es decir, dirigiendo una empresa u oenegé o trabajando desde una entidad estatal importante. Hoy nos toca a los jóvenes entrar en ese camino. Desde cualquier profesión se puede generar un impacto escalar para el cuidado del medio ambiente.

El segundo es cambiar desde abajo, ya sea presionando mediante marchas, medios virtuales, artículos de opinión o medios culturales; y/o mediante hábitos sostenibles. En este ya se tiene más experiencia pero es necesario que se siga expandiendo. Es decir, mientras no entremos arriba, este es el movimiento al cual debemos apuntar todos como ciudadanos.

La forma más sencilla de apoyar este segundo camino es adoptando hábitos sostenibles. Estos, además de cuidar los ecosistemas, nos permitirán ser y estar más saludables así como, en muchos casos, ahorrar. Por ejemplo, uno de los hábitos más sencillos de introducir en la vida de uno y que nos permite ahorrar es el reusar. Ya sea con una prenda, utensilio o envase que se utilizó, siempre se le puede dar un nuevo valor o ser reutilizado sin necesidad de comprar algo nuevo.

El trabajo hormiga es el más poderoso que existe, solo necesitamos sembrar la confianza de que todos o la mayoría trabajaremos con ese objetivo en mente. Las instituciones de los países (factor crucial para elevar la calidad de vida de la gente) se terminarán fortaleciendo cuando su gente adopte costumbres que generen mayor desarrollo. Hoy, cuidar el planeta, es crucial para esto.

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